Mi madre siempre había dormido bien. Pero al llegar a una etapa de cambios hormonales, empezó a despertarse de madrugada y ya no conseguía volver a dormirse.
Se acostaba cansada, a veces se dormía rápido, pero entre las 3 y las 5 volvía a abrir los ojos. Daba vueltas, miraba el techo y al día siguiente se levantaba agotada, como si no hubiera descansado.
Al principio pensé que era algo puntual. Pero empecé a escucharlo también en amigas de su edad, mujeres que llevaban meses levantándose agotadas sin entender por qué: "me despierto a las tres y ya no me duermo", "no quiero depender de otra cápsula".
Ahí me metí de lleno en el mundo del descanso: estudié qué estaban usando, qué les fallaba de la melatonina, los suplementos y los sprays de almohada.
Con ese aprendizaje, empecé a trabajar con un laboratorio en España en una fórmula natural pensada para mujeres de su edad, que se desvelan de madrugada sin saber por qué y ya no consiguen volver a dormirse. Una fórmula sin cápsulas, aplicada sobre la piel y diseñada para acompañar el descanso durante toda la noche, no solo durante los primeros minutos.
De esa búsqueda salió Sospia: un ritual sobre la piel de 30 segundos para esas noches que se rompen de madrugada.